La actual política data de 2003,
cuando la UE tenía quince miembros
Publicado el
lunes 2 de diciembre de 2013 en capitalmadrid.com
Antonio Sánchez-Gijón.– Por primera vez después de
muchos años el Consejo Europeo del 19 y 20 de diciembre se ocupará de la
política exterior y de defensa de la Unión, y probablemente aprobará una
directiva de seguridad que reemplace la actualmente vigente, que data de 2003.
Esa nueva directiva se propone renovar la Estrategia Europea de Seguridad
(EES). En aquel año Europa estaba pletórica de optimismo y recursos. En 2013 se
halla confusa sobre qué orientación estratégica debe adoptar, y sumida en una
crisis de capitales, inversiones y desempleo.
La debilidad (relativa) de Europa quedó en evidencia
hace pocos días. En Vilna, Lituania, de seis países invitados a entrar en el
llamado Partenariado del Este, sólo dos (Moldavia y Georgia) confirmaron su
vocación europeísta y firmaron convenios de asociación. Los otros cuatro,
Armenia, Ucrania, Bielorrusia y Azerbayán, no lo hicieron, cediendo a presiones
rusas y en parte también debido a una revisión de sus intereses, a la vista de
la poca capacidad de la Unión para ayudarles en sus difíciles tránsitos desde
unas economías poco liberalizadas e infradesarrolladas, a otras abiertas y más
avanzadas.
Esas presiones rusas, que fueron tomadas con
paciencia y algo de tolerancia por los países de la eurozona, fueron rechazadas
"con indignación" por el llamado Grupo Visegrad (Polonia, República
Checa, Hungría y Eslovaquia), que vivieron hasta finales de los 80s en la
órbita soviética.
Todo sugiere que Europa debería "calzarse las
botas". Los Estados Unidos retiraron en 2013 su último tanque destacado en
suelo continental. En las maniobras celebradas el pasado noviembre (Steadfast
Jazz) en Europa nororiental, en que participaron 6.000 efectivos, sólo 250 eran
norteamericanos. Rusia se interesa por que los países de su antigua esfera (la
Unión Soviética y "satélites") no la olviden: el pasado día 21,
mientras el ministro de Exteriores Sergei Lavrov se entrevistaba con su colega
letón, aviones rusos sobrevolaban el espacio aéreo lituano en incursión no
autorizada. En noviembre el presidente Putin anunció que Rusia se proponía
reabrir una base militar en el Ártico, y hace planes para establecer una fuerza
combinada permanente en ese océano. En Europa, sólo Noruega, que no pertenece a
la UE, tiene una presencia militar en aquellos confines.
Ocasión y necesidad
La política de seguridad y defensa de la Unión debería
recibir un nuevo impulso de tres instituciones cuyos mandatos se renovarán en
2014: el parlamento europeo, la Comisión y el Alto Comisionado para la Política
Exterior y de Seguridad. Las tres necesitan tomar nota del drástico cambio en
el equilibrio estratégico mundial, de resultas de la emergencia de nuevas
potencias económicas y militares (China, India, etc.), las crisis del sur del
Mediterráneo y Oriente Medio, y la restauración del poder militar de Rusia.
Las grandes líneas que se propone la nueva directiva
apuntan a 1) aumentar la eficacia operativa de las fuerzas armadas nacionales,
mejorando su capacidad conjunta, con vista a la prevención de crisis y gestión
de recursos, 2) la puesta en común e intercambio de los medios de cada estado
miembro, como principio de la planificación nacional, y achicar las carencias
reconocidas de recursos, y 3) lograr una mayor integración de la industria de
la defensa y sus mercados, así como intensificar la investigación y el
desarrollo de sistemas comunes.
Es poco probable que el Consejo de diciembre
clarifique con detalle lo que se dice en la breve alusión que el
"documento EES" dedica a los fines estratégicos de la Unión. Esto no
interesa demasiado a Reino Unido, Francia y Alemania.
El primero y el segundo poseen sistemas relativamente
maduros y autosuficientes de defensa. Londres considera fundamental la
independencia de su política de seguridad frente a Bruselas, en paralelo con el
amplio margen de autonomía que se reserva en economía e inmigración. Tiene
predilección por sus vínculos con Estados Unidos en materia de inteligencia e
industrias militares.
Francia se halla siempre dispuesta a contribuir a gran
parte de lo contemplado por la EES, y desea fuerzas europeas más integradas y
operativas para su empleo en un abanico de misiones que París asume
frecuentemente en solitario. En sus programas de equipamiento militar da
prioridad a los acuerdos intraeuropeos.
Alemania posee capacidades importantes, pero no las
considera el instrumento más conveniente para las relaciones internacionales de
la Unión. Le viene bien la política del Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas de restringir misiones militares a las que Rusia o China se oponen. Ni
siquiera la operación europea de Libia en 2011 fue considerada por Berlín
suficientemente justificada, a pesar de que fue aprobada por la ONU.
Los tres, sin embargo, tienen un interés compartido:
defender y mejorar sus respectivas posiciones de dominio dentro de un sector
industrial que da empleo directo a 400.000 personas e indirecto a 900.000 en
toda Europa. La industria militar europea lucha por mantenerse y crecer, a
pesar de que en conjunto los países de la Unión han reducido drásticamente sus
presupuestos de defensa: si en 2001 sumaban €251.000 millones, en 2013
descendieron a €194.000 millones para sus fines de seguridad. La carga de la
defensa europea está desigualmente distribuida: mientras el Reino Unido
invierte casi el 3% de su PIB, Francia el 2,7% y Suecia el 2,5%, Alemania gasta
el 1,5% y España el 0,8% (Ian Bond, Center for European Reform).
De quince a veintiocho miembros de la Unión
Un documento del European Council on Foreign Relations
(Why Europe needs a new Global Strategy) señala las áreas en que la cooperación
europea en materia de defensa podría progresar, a un costo relativamente
modesto: cada país debería ofrecer a los otros el conocimiento adelantado de
sus planes defensivos, en orden a localizar duplicidades y descubrir vías de
cooperación, del mismo modo que dentro de la eurozona cada uno expone a los
otros sus proyectos de presupuestos.
El mencionado estudio señala el ahorro potencial de
cientos de millones de euros si hubiera una gestión común de la seguridad
aérea. En relación con esto último se halla la propuesta de que Europa
desarrolle de modo conjunto sistemas de aviación no tripulada. Esta iniciativa
es una de las que más respaldo encuentran.
De inmensa importancia estratégica es la presencia europea
en el Ártico, para tener acceso a unos recursos que Rusia ve como
pertenecientes a su área de influencia.
La Europa de 2003 tenía quince miembros. La de 2013
tiene 28. La de entonces miraba al Atlántico y se proyectaba sobre el
Mediterráneo. La de hoy encuentra una oposición cerrada al Este, mientras que
África y Oriente Medio se hallan sumidos en movimientos agitados, sobre los que
Europa no tiene control. En los mayores países europeos hay un intenso debate
en torno a las nuevas estrategias que Europa debería examinar. El debate en
España es pobre, y prácticamente sin transcendencia pública. Pero quede esta
última cuestión para otro día.
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