sábado, 7 de diciembre de 2013

Pendientes de una revisión a fondo de la seguridad europea


La actual política data de 2003, cuando la UE tenía quince miembros

Publicado el lunes 2 de diciembre de 2013 en capitalmadrid.com

Antonio Sánchez-Gijón.– Por primera vez después de muchos años el Consejo Europeo del 19 y 20 de diciembre se ocupará de la política exterior y de defensa de la Unión, y probablemente aprobará una directiva de seguridad que reemplace la actualmente vigente, que data de 2003. Esa nueva directiva se propone renovar la Estrategia Europea de Seguridad (EES). En aquel año Europa estaba pletórica de optimismo y recursos. En 2013 se halla confusa sobre qué orientación estratégica debe adoptar, y sumida en una crisis de capitales, inversiones y desempleo.

La debilidad (relativa) de Europa quedó en evidencia hace pocos días. En Vilna, Lituania, de seis países invitados a entrar en el llamado Partenariado del Este, sólo dos (Moldavia y Georgia) confirmaron su vocación europeísta y firmaron convenios de asociación. Los otros cuatro, Armenia, Ucrania, Bielorrusia y Azerbayán, no lo hicieron, cediendo a presiones rusas y en parte también debido a una revisión de sus intereses, a la vista de la poca capacidad de la Unión para ayudarles en sus difíciles tránsitos desde unas economías poco liberalizadas e infradesarrolladas, a otras abiertas y más avanzadas.

Esas presiones rusas, que fueron  tomadas con paciencia y algo de tolerancia por los países de la eurozona, fueron rechazadas "con indignación" por el llamado Grupo Visegrad (Polonia, República Checa, Hungría y Eslovaquia), que vivieron hasta finales de los 80s en la órbita soviética.

Todo sugiere que Europa debería "calzarse las botas". Los Estados Unidos retiraron en 2013 su último tanque destacado en suelo continental. En las maniobras celebradas el pasado noviembre (Steadfast Jazz) en Europa nororiental, en que participaron 6.000 efectivos, sólo 250 eran norteamericanos. Rusia se interesa por que los países de su antigua esfera (la Unión Soviética y "satélites") no la olviden: el pasado día 21, mientras el ministro de Exteriores Sergei Lavrov se entrevistaba con su colega letón, aviones rusos sobrevolaban el espacio aéreo lituano en incursión no autorizada. En noviembre el presidente Putin anunció que Rusia se proponía reabrir una base militar en el Ártico, y hace planes para establecer una fuerza combinada permanente en ese océano. En Europa, sólo Noruega, que no pertenece a la UE, tiene una presencia militar en aquellos confines.

Ocasión y necesidad

La política de seguridad y defensa de la Unión debería recibir un nuevo impulso de tres instituciones cuyos mandatos se renovarán en 2014: el parlamento europeo, la Comisión y el Alto Comisionado para la Política Exterior y de Seguridad. Las tres necesitan tomar nota del drástico cambio en el equilibrio estratégico mundial, de resultas de la emergencia de nuevas potencias económicas y militares (China, India, etc.), las crisis del sur del Mediterráneo y Oriente Medio, y la restauración del poder militar de Rusia.

Las grandes líneas que se propone la nueva directiva apuntan a 1) aumentar la eficacia operativa de las fuerzas armadas nacionales, mejorando su capacidad conjunta, con vista a la prevención de crisis y gestión de recursos, 2) la puesta en común e intercambio de los medios de cada estado miembro, como principio de la planificación nacional, y achicar las carencias reconocidas de recursos, y 3) lograr una mayor integración de la industria de la defensa y sus mercados, así como intensificar la investigación y el desarrollo de sistemas comunes.

Es poco probable que el Consejo de diciembre clarifique con detalle lo que se dice en la breve alusión que el "documento EES" dedica a los fines estratégicos de la Unión. Esto no interesa demasiado a Reino Unido, Francia y Alemania.

El primero y el segundo poseen sistemas relativamente maduros y autosuficientes de defensa. Londres considera fundamental la independencia de su política de seguridad frente a Bruselas, en paralelo con el amplio margen de autonomía que se reserva en economía e inmigración. Tiene predilección por sus vínculos con Estados Unidos en materia de inteligencia e industrias militares.

Francia se halla siempre dispuesta a contribuir a gran parte de lo contemplado por la EES, y desea fuerzas europeas más integradas y operativas para su empleo en un abanico de misiones que París asume frecuentemente en solitario. En sus programas de equipamiento militar da prioridad a los acuerdos intraeuropeos.

Alemania posee capacidades importantes, pero no las considera el instrumento más conveniente para las relaciones internacionales de la Unión. Le viene bien la política del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de restringir misiones militares a las que Rusia o China se oponen. Ni siquiera la operación europea de Libia en 2011 fue considerada por Berlín suficientemente justificada, a pesar de que fue aprobada por la ONU.

Los tres, sin embargo, tienen un interés compartido: defender y mejorar sus respectivas posiciones de dominio dentro de un sector industrial que da empleo directo a 400.000 personas e indirecto a 900.000 en toda Europa. La industria militar europea lucha por mantenerse y crecer, a pesar de que en conjunto los países de la Unión han reducido drásticamente sus presupuestos de defensa: si en 2001 sumaban €251.000 millones, en 2013 descendieron a €194.000 millones para sus fines de seguridad. La carga de la defensa europea está desigualmente distribuida: mientras el Reino Unido invierte casi el 3% de su PIB, Francia el 2,7% y Suecia el 2,5%, Alemania gasta el 1,5% y España el 0,8% (Ian Bond, Center for European Reform).

De quince a veintiocho miembros de la Unión

Un documento del European Council on Foreign Relations (Why Europe needs a new Global Strategy) señala las áreas en que la cooperación europea en materia de defensa podría progresar, a un costo relativamente modesto: cada país debería ofrecer a los otros el conocimiento adelantado de sus planes defensivos, en orden a localizar duplicidades y descubrir vías de cooperación, del mismo modo que dentro de la eurozona cada uno expone a los otros sus proyectos de presupuestos.

El mencionado estudio señala el ahorro potencial de cientos de millones de euros si hubiera una gestión común de la seguridad aérea. En relación con esto último se halla la propuesta de que Europa desarrolle de modo conjunto sistemas de aviación no tripulada. Esta iniciativa es una de las que más respaldo encuentran.

De inmensa importancia estratégica es la presencia europea en el Ártico, para tener acceso a unos recursos que Rusia ve como pertenecientes a su área de influencia.

La Europa de 2003 tenía quince miembros. La de 2013 tiene 28. La de entonces miraba al Atlántico y se proyectaba sobre el Mediterráneo. La de hoy encuentra una oposición cerrada al Este, mientras que África y Oriente Medio se hallan sumidos en movimientos agitados, sobre los que Europa no tiene control. En los mayores países europeos hay un intenso debate en torno a las nuevas estrategias que Europa debería examinar. El debate en España es pobre, y prácticamente sin transcendencia pública. Pero quede esta última cuestión para otro día.

 

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