sábado, 12 de noviembre de 2011

Lo que dice y lo que no dice el comunicado de ETA

La organización terrorista muestra semillas de polarización
Publicado el 21 de octubre 2011 en Capital Madrid

Antonio Sánchez-Gijón.– Veamos lo que dice y deja de decir el comunicado emitido ayer por la banda terrorista ETA. 1) Declara el cese definitivo de su actividad armada. 2) No anuncia su desarme ni se disuelve. 3) Da por supuesto que existe una entidad que se llama Euskal Herría 4) La organización todavía armada sigue intimidando a la sociedad española: anuncia la continuación de la "lucha de la ciudadanía vasca". 5) Avisa de que gracias a los años de lucha "ha acumulado la experiencia y fuerza necesaria para afrontar este camino, y tiene también la determinación de hacerlo". Recuérdese de dónde venía su fuerza: de su capacidad de hacer correr la sangre. 6) ETA insta a los gobiernos de España y Francia a "abrir un proceso de diálogo directo". 7) Como antes ha partido de la premisa de que Euskal Herría existe, se entiende que el diálogo ha de ser entre los representantes de Euskal Herría y los de los gobiernos de Francia y España. 8) ETA no aclara a qué debe ceñirse el proceso de diálogo; sólo habla de "la resolución de las consecuencias del conflicto". 9) Estas últimas palabras no definen las consecuencias del conflicto. ¿Pueden ser los presos de ETA, las compensaciones a las víctimas, la polarización de la sociedad, la alienación a que ha sido sometida la población no nacionalista del País vasco, o el retorno de los vascos expulsados u obligados a exiliarse en el resto de España?
Sentadas estas premisas e interrogantes abiertas por el comunicado, retrocedamos a la declaración de Ayete, que se supone contiene "los ingredientes para una solución integral del conflicto y cuenta con el apoyo de amplios sectores de la sociedad vasca y de la comunidad internacional".
La declaración de los "Seis de Ayete" (que no de la "comunidad internacional") es tan sucinta que uno está obligado a suponer lo que han querido decir. Es una declaración ambigua. Debe reconocerse, sin embargo, que la ambigüedad es el aceite que permite mantener rodando el motor de cualquier negociación.
Desde esta columna suponemos que lo que han querido decir los de Ayete se reduce a estos puntos.
1) ETA debe anunciar el "cese definitivo de la actividad armada" (punto 1), pero no se le exige que se disuelva ni que se desarme.
2) Una vez hecha esa declaración, los gobiernos de España y Francia deben aceptar abrir conversaciones "para tratar exclusivamente (de) las consecuencias del conflicto" (punto 2), lo cual debe entenderse como que estas conversaciones se ocuparán sólo de la suerte de los presos, de los refugiados o perseguidos por la justicia, y cosas de ese estilo, propias de un alto el fuego, en terminología militar.
3) Hay víctimas de los dos lados que merecen reconocimiento y compensaciones (punto 3). Suponemos que se refieren sólo a las víctimas inocentes y a los etarras muertos o heridos durante la lucha de ETA contra los gobiernos pre-democráticos, porque cuesta imaginar que los de Ayete quieran compensar a los autores de los crímenes cometidos desde que España contó con un régimen de libertades y un estado de derecho y democrático.
4) Los "actores no violentos y los representantes políticos" deberán reunirse para tratar de "cuestiones políticas así como otras relacionadas al respecto, con consulta a la ciudadanía" (punto 4). Traducción: se debe articular constitucionalmente el derecho a la autodeterminación y someter a referéndum la independencia del País Vasco.
Este planteamiento obedece a una nueva estrategia de ETA y de la izquierda abertzale que le da apoyo y seguimiento. Su estrategia consiste entrar en el juego político legal, sin deslegitimar un uso eventual de las armas.
Para empezar a desarrollar su estrategia ETA necesitaba presentarse como un agente racional del sistema internacional, como un portavoz de una parte del pueblo vasco: los independentistas. El padrinazgo del Grupo de Ayete a un plan neutro de acciones destinadas a una consulta popular le da a ETA esa capacidad de personación en el llamado conflicto vasco.
El Grupo de Ayete, por su parte, extiende un aval de que esta vez ETA no va a romper su tregua, como hizo en dos ocasiones anteriores (por lo menos): cuando en septiembre de 1998 anunció un alto el fuego que rompió en noviembre de 1999, y el de marzo de 2006, que rompió en diciembre. En el primero de estos dos casos, ETA dio a entender que había declarado el alto el fuego por la presión policial que sufría y por la necesidad de rearmarse.
La experiencia irlandesa
En las dos mesas previstas (la de "las consecuencias del conflicto" y la de los "representantes políticos") los independentistas vascos pretenderán elevar cualquier conversación a la categoría de encuentro entre un movimiento político que cuenta con una sección armada, con los representantes de dos estados soberanos, al objeto de que estos emitan una declaración como la anglo-irlandesa de diciembre de 1993, por la que la República de Irlanda y el Reino Unido relajaban su pretensión de soberanía sobre el Ulster o Irlanda del Norte, para dejar su destino a la voluntad de su población. Esta declaración condujo al acuerdo llamado del Viernes Santo (10 de octubre 1998), que comprendía el proceso de "devolución" de poderes a Irlanda del Norte, pero que dilataba el desarme del IRA y de las fuerzas paramilitares protestantes, y la reforma de la Royal Constabulary Force durante dos años más.
Es previsible que el temario político de tales negociaciones comprenda el derecho a la autodeterminación, tanto en el País Vasco español como en el francés, y la reivindicación histórica sobre Navarra como parte de Euskal Herría. Es precisamente en este constructo ideológico, Euskal Herría, donde el abertzalismo tiene un problema de comprensión de sí mismo. El abertzalismo parte de la convicción de que Euskal Herría ya existe, y que lo único que necesita es que se le reconozcan sus derechos. Pero Euskal Herría sólo puede existir por una convención política aprobada por un referéndum, y que esa entidad además reciba el reconocimiento de su condición de estado por parte de otros estados. Es ese tipo de convicción autista en la existencia de algo que justifica una causa, es decir, que existe lo que todavía no existe, de donde surge la coacción que los movimientos totalitarios ejercen sobre el entorno; los yihadistas de al-Qaida están convencidos de que existe una Umma o Comunidad de Creyentes oprimida por Occidente, que clama por ser liberada.
Las constituciones de España y Francia no reconocen el derecho de autodeterminación. Dada la débil cohesión nacional de España, ETA y el abertzalismo pueden soñar con doblegarla algún día para que reconozca ese derecho. Dada la fuerte cohesión nacional de Francia eso es casi ontológicamente imposible. En cuanto al reconocimiento por otros estados, es lo último que le falta a unos países sumidos en una crisis que previsiblemente durará muchos años.
Una previsible polarización
Suponiendo que, efectivamente, los partidos independentistas logren abrir una negociación política, ETA estará a la espera de los resultados sin dejar por ello de reclutar nuevos adheridos. Entre los movimientos terroristas se observa que cada cambio de fase estratégica se acompaña de una renovación de los cuadros y un esfuerzo de reclutamiento para una eventual acción armada, así como una intensificación de sus prácticas coactivas, y de sus acciones de movilización y polarización. La implantación de Bildu en las instituciones vascas provee al entorno de ETA de múltiples oportunidades de apoyo a la acción política, pacífica o coactiva. Lo que es más, el abertzalismo de izquierdas ("organización socialista revolucionaria") ve el proceso diseñado en Ayete como un estímulo para desplazar al burgués PNV como la fuerza hegemónica del soberanismo vasco, y le va a acusar de no haber buscado ni encontrado un apoyo internacional tan significativo y bien orquestado como el conseguido por ella.
En cuanto a los presos de ETA deseosos de reinserción, con la adopción por ETA y las fuerzas abertzales de la "vía pacífica", no sentirán ya la necesidad de arriesgarse al rechazo de los compañeros de armas por algo que de todos modos va a estar sobre la mesa de negociación. El rechazo de la violencia que algunos presos ya han expresado tendría entonces poca virtud operativa. Para contrarrestar este efecto disuasorio es preciso que el estado estimule y acelere una serie de beneficios de reinserción para los etarras no manchados de sangre y genuinamente comprometidos con la paz, al objeto de que no se debilite su espíritu de condena de la violencia por ellos ejercida en el pasado.
En todo caso, la estrategia de ETA sólo tendrá virtualidad si se acepta la lógica del Grupo de Ayete: que sólo la negociación de sus condiciones puede conducir a la paz. El problema es que ETA y el abertzalismo no han declarado nunca su disposición a renunciar al sueño de Euskal Herría si un hipotético ejercicio de autodeterminación rechaza su pretensión.
Pero es precisamente en este último punto, en el del supuesto ejercicio de autodeterminación, donde los españoles que no creen que el del País Vasco sea un caso de esa naturaleza, deberían poner el mayor celo. Una Euzkadi unida a España es una entidad tan firme como una España unida a Europa. Como cosas que ya existen y que no pueden ser pensadas de otra forma sino unidas.

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