sábado, 12 de noviembre de 2011

De la declaración de Ayete al comunicado de ETA

Ambos documentos pasan por alto las formas de violencia no sangrientas
Publicado el lunes 24 de octubre de 2011 Capital Madrid.com

Antonio Sánchez-Gijón.– Como señala Audrey Kurth Cronin, autora de "Ending Terrorism" (International Institute for Strategic Studies, Adelphi Papers no. 394), "Independientemente de que una fuerza arrolladora logre barrer un grupo (terrorista), el Estado se queda todavía con el problema de lidiar con la audiencia (énfasis mío), lo cual puede constituir un problema estratégico aún mayor". En el caso español, el de ETA, ese problema se llama Movimiento Vasco de Liberación Nacional en sus diversas encarnaciones: Batasuna, Sortu, Bildu, herriko tabernas, algún sindicato, etc. Podemos creer con el ex-ministro de Interior, Sr. Pérez Rubalcaba, que han sido los sucesivos y contundentes éxitos de la policía y la guardia civil los que han obligado a ETA al "abandono definitivo" de las armas, pero ha de reconocer, sin embargo, que la violencia etarra no se expresaba sólo con la bomba y el tiro en la nuca sino también a través de la violencia vecinal, la calle borroka, el amedrentamiento de gran parte de la población, la coacción, el seguimiento y señalamiento de blancos para las pistolas, la información sobre el mal llamado impuesto revolucionario, etc., y toda esa gente, desafortunadamente, son muchos miles. En un sentido sociológico, si no penal, todos han sido cómplices de ETA.
Los documentos que han provocado el exultante estado de ánimo que embarga a los líderes de los dos partidos mayoritarios (la declaración de Ayete y el comunicado de ETA) no hacen sin embargo alusión alguna al desarme moral de esa "audiencia", de esos animadores y cómplices del terrorismo que sí ha vertido sangre. Lo más aproximado a ello es, en el documento de Ayete, una apelación a esos grupos para que "los actores no violentos y los representantes políticos" se reúnan para tratar de cuestiones políticas.
El lendakari, Sr. Patxi López, convocó anteayer mismo a los partidos con representación parlamentaria en el País Vasco para una primera discusión de lo que el comunicado de ETA representa en términos de pacificación de la vida política vasca, ahora que se acercan unas reñidas elecciones generales y quedan para más adelante unas elecciones autonómicas que pueden establecer una nuevo balance electoral del País Vasco. Será en esta última coyuntura donde quede de manifiesto la importancia de que el fiel de la balanza no sea inclinado por las prácticas coactivas que constituyeron la imagen de marca de la izquierda abertzale durante los últimos cuarenta años, la cual ha conducido, por un lado, a la emigración de numerosos vascos y otros españoles que no han podido soportar el acoso y la amenaza de las fuerzas políticas a las que ahora se invita a dialogar, y por otro a la inhibición política y neutralización de los derechos civiles de algunos cientos de miles de ciudadanos vascos.
El sesgo del Sr. Currin
Nos son muchos los movimientos terroristas que alcanzan sus fines estratégicos. Uno de ellos fue precisamente aquel sobre el que el mediador internacional Brian Currin, promotor de la declaración de Ayete, tiene más experiencia, el del African National Congress, que puso contra las cuerdas al régimen de apartheid de África del Sur. En un artículo publicado recientemente en Le Monde Diplomatique, Currin afirma que los asesinatos de etarras por parte de "grupos paramilitares y las fuerzas de seguridad", así como los maltratos recibidos con ocasión de su detención "contribuyeron a radicalizar a los jóvenes nacionalistas vascos". Esas afirmaciones pasan por alto que los delitos del GAL fueron juzgados y sus autores condenados, así como el hecho de que la muerte de etarras por acciones de la policía se han producido, al menos en los últimos dos decenios, por enfrentamientos armados legítimamente sostenidos por las fuerzas del orden, y no por ninguna acción extra-legal de esas fuerzas. En cuanto a los maltratos supuestamente recibidos por los jóvenes nacionalistas, el Sr. Currin debió ser más específico señalando los casos así reconocidos por la justicia.
El Sr. Currin se lamenta de la hostilidad que la intervención de su grupo suscita en España. "La única explicación - dice - es el temor a una democracia global en el País Vasco, en la cual participaría el conjunto de los nacionalistas favorables a la autodeterminación". Pasa por alto otra vez el Sr. Currin un hecho rotundo: que el Partido Nacionalista Vasco, que cuenta con una importante facción independentista, así como Euzko Alkartasuna, que últimamente abraza esa causa, están y han estado desde hace muchos años representados en todas las instituciones vascas, sin que se les pueda achacar (creo) violencia notoria, excepto algunos episodios de colaboración en cosas menores.
La desconfianza del Sr. Currin respecto de la legitimidad del gobierno español para mantener las posturas que ha mantenido en el combate contra ETA, queda expresada claramente en esta frase de su artículo: "Puede temerse que una vez desaparecida (ETA) el gobierno español entre en un punto muerto sobre los aspectos políticos del conflicto para proclamar su victoria en la lucha contra el terrorismo (cursiva de Currin)". Haría mal el gobierno español en proclamar su victoria sobre ETA si no se desarman todas las otras formas de coacción practicadas por el abertzalismo, el cual retiene todo su potencial de violencia de baja intensidad (esperemos que al menos no sangrienta) que tuvo siempre, y que nadie ha pedido (ni la declaración de Ayete, ni el comunicado etarra) que se desmovilice.
Así que tenemos que la declaración ha sido promovida y en parte inspirada por una persona con opiniones sesgadas bajo algunos aspectos esenciales, lo cual puede explicar los silencios sonoros que contiene; y que el comunicado promete el desarme de sólo una parte del poder de coacción de que ha venido gozando ETA hasta ahora, ya que no hace una apelación a su "audiencia" a que conviva pacíficamente con las otras fuerzas presentes en la vida vasca y abandone los métodos practicados durante cuarenta años, y que han obligado a las fuerzas políticas vascas no independentistas a actuar con un brazo atado a la espalda. Esas fuerzas siguen ahí, y el fiel de la balanza de cualquier consulta popular puede ser fácilmente manipulado por las acciones de la calle borroka y otras formas habituales de violencia. Esta debe ser una inquietud fundamental de las fuerzas no nacionalistas que entren en cualquier diálogo político con los que han acompañado al llamado Movimiento Vasco de Liberación Nacional.

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