Publicado el lunes 11 de junio de 2012
El Euro puede tener sus días contados
Moody's une su voz a los que advierten de las consecuencias del abandono griego
Antonio Sánchez-Gijón.– Hablar de si Grecia va a salir o no del euro es una de las discusiones más ociosas y dañinas con que nos han venido castigando durante más de un año tanto el gremio "tertuliano" como las más sesudas columnas de expertos. El último pronunciamiento en ese sentido viene de uno de esos centros de opinión cuyos pronósticos llevan inherente la fatalidad de su cumplimiento. El Servicio de Inversores de Moody's ha emitido un informe a sus clientes, previo al anuncio del rescate financiero de la banca española, en que advierte de que una salida del euro por parte de Grecia pondría en peligro la existencia de la moneda única.
La razón de que una agencia de calificación fiduciaria, al servicio de sus suscriptores, emita unas opiniones tan cargadas políticamente puede estar en que los políticos europeos no están dando muestras de voluntad o capacidad para iluminar el camino y dar salida política a una crisis del euro que empieza a ser también una crisis de la Unión Europea. Moody's mismo lo dice: "Si Grecia abandonara el euro, poniendo en peligro la propia existencia de éste, tendríamos que revisar todas las calificaciones soberanas de la euro-zona".
Un sinapismo contra la complacencia
Desde las elecciones generales griegas del 6 de mayo Grecia parece vivir al borde del apocalipsis y Europa al borde del abismo. Y todo porque los griegos prefirieron propinar una soberana paliza electoral a los dos partidos que presidieron tanto el auge como la caída de la economía y del prestigio de Grecia desde que en 1982 ingresó en la Unión Europea, en vez de aprovechar la ocasión para enviar a Bruselas una señal inequívoca de que aceptaban disciplinadamente los rigores impuestos por los dos planes de rescate sucesivos que el país está padeciendo.
El instrumento usado por los griegos para humillar a los partidos tradicionales, el conservador Nueva Democracia y el socialdemócrata Pasok, fue una coalición de partidos de izquierdas conocido como Syriza, cuyo grupo principal se llama "Synapismos", y que en español coloquial podríamos llamar "el tábano", por su pretensión de aguijonear. El líder de este partido, el ingeniero Alexis Tsipras, parece a medida para ese papel. Es joven y poco convencional. Su coalición ganó el 22,9% de los votos, por delante de Nueva Democracia y Pasok. Estos dos perdieron en conjunto la mitad de sus votantes.
Pero eso fue "ayer". Ahora los griegos deben pensar en ellos mismos. Desde las elecciones la economía se ha deteriorado aún más. Saben que llegado julio el Tesoro no tendrá dinero para pagar los salarios del estado si no se pone en práctica el segundo tramo del plan de rescate acordado con la troika (UE, BCE y FMI). Los ingresos fiscales en lo que va de año se han quedado cortos en euros 1.700 millones, debido a que la actividad económica ha descendido. El IVA ha rendido 800 millones menos de lo calculado para los cuatro primeros meses de 2012. Los planes de privatización de empresas públicas están prácticamente bloqueados porque los inversores tienen dudas sobre la continuidad de Grecia en el euro. El anterior primer ministro Giorgios Papandreu advirtió hace unos días que al fisco le queda dinero para "unas pocas semanas", y que los griegos se hallan ante un "ahora o nunca".
Las cosas, aunque lentamente, van cambiando. Ahora se empieza a digitalizar la administración y la recaudación de impuestos. Una misión de tecnócratas franceses va a descender sobre el país para asistir en la reforma de su administración. Ya han sido detenidos algunos defraudadores del fisco.
Duchas de realismo
La opinión europea consideraba que el aspecto más amenazante del programa de Syriza para las elecciones del 6 de mayo era su denuncia del memorándum de rescate con la troika. Últimamente su atención se fija en el programa de ese partido para las elecciones del día 17, anunciado el 1 de junio, que es aún más radical que el anterior: el gobierno de Syriza pondría bajo control estatal las industrias estratégicas, se restauraría el salario mínimo de 751 euros, el subsidio de desempleo duraría dos años en lugar de uno, etc.
Pero a lo mejor no es tan fiero el león como lo pintan. Ahora que la campaña electoral se acerca a su última etapa, los líderes de Syriza están haciendo declaraciones que rebajan considerablemente el tono. Harán lo posible, dicen, para que Grecia siga dentro del euro. "La salida no es una opción", declaró Tsipras a primeros de mes. El 6 de junio dijo a un grupo de embajadores del G-20 que Grecia "buscará una solución común con nuestros socios". Si forma gobierno, llevará a cabo ajustes fiscales. Se propone basar éstos últimos en el aumento de los ingresos por impuestos, a tasas de 1% anual durante cuatro años. Otro líder del partido, Nikos Hountis, negó categóricamente el pasado día 7 que Grecia fuera a salir de la eurozona.
También ND y Pasok quieren renegociar el acuerdo con la troika. La extensión del periodo de ajuste fiscal de España a un año más, hasta 2014, es un precedente que puede ser alegado legítimamente por Grecia. Se estima que ninguno de los dos partidos tradicionales obtendrá la mayoría necesaria para gobernar, y que les sería necesario formar una coalición entre ellos dos e Izquierda Democrática.
Los dos bloques políticos tratan de mostrarse conducentes con las exigencias de la Unión Europea y el BCE, a la espera de que se alivie la pesada carga que han impuesto a Grecia. Tsipras y Syriza parecen haber comprendido que a Grecia no le queda resuello para seguir resistiendo lo inevitable. No sólo el Tesoro está sin reservas, sino que en agosto vence el plazo de un importante pago al BCE.
Sean cuales sean los resultados del 17 de junio, Europa tiene que hacer tanta reflexión como la que están haciendo los griegos. Poner a Grecia en peligro de quiebra total por austeridad, con riesgo de ruptura del orden social, o dejar que se vaya del euro sería un disparate geopolítico.
La experiencia europea de Grecia ha sido históricamente muy breve. Comenzó con su derrota ante Turquía en los años veinte del siglo pasado. Si rompe con Europa volverá a ser un país de Oriente Medio. Pekín y Moscú estarían encantados. China ha hecho fuertes inversiones en el puerto del Pireo. Rusia nada en reservas monetarias y no le vendría mal una alternativa a la base que tiene en Siria si el régimen de al-Assad cae. Grecia es el antemural europeo ante la inmigración asiática, que el país apenas puede contener por sus propios medios.
El sentido común quizás esté volviendo a Grecia. Es preciso también que no se pierda en Europa.
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