martes, 12 de junio de 2012

Publicado el lunes 28 de mayo de 2012
Los mercados decidirán el rescate de España ante el crecimiento del déficit
La operación Bankia solo tendrá sentido si el BCE se da por aludido
Antonio Sánchez-Gijón.– La próxima subasta de deuda pública española pronunciará la sentencia que los mercados quieran dictar sobre el rescate del Banco Financiero y de Ahorros por el gobierno. La operación puede suponer elevar la deuda pública española en euros 23.500 millones más. Cada aumento del déficit público ha ido acompañado siempre por drásticas subidas de la prima de riesgo en el interés de la deuda. La operación BFA-Bankia adquiriría solvencia si el Banco Central Europeo le entregase efectivo a cambio de los bonos que el estado daría a la entidad como pago de la entrada en su capital. La alternativa a esa vía sería la conversión de la ayuda ofrecida en acciones que pudiesen salir al mercado para su venta.
La primera alternativa podría ser la respuesta de las instituciones europeas al dramático llamamiento del presidente del gobierno, hace unos días, sobre que España ya había hecho sus deberes y correspondía a otros dar el siguiente paso. Las claves políticas de estas transacciones están de momento sumidas en el más absoluto secreto.
Se da por seguro, además, que las necesidades de recapitalización de la banca española exigirán entre 50.000 y 60.000 millones. Visto el precedente de BFA, no es descabellado pensar que otras entidades bancarias reclamen al estado apoyos similares. Siguiendo la lógica de los hechos, ¿habría que pensar en el derecho de los bancos de otros países en apuros a la misma asistencia del BCE que la adjudicada a cualquier entidad española? Parece que sí, porque como dice el consejero del BCE, J. M. González-Páramo, "El BCE debe aplicar una política monetaria para toda la zona del euro, no trajes a medida para algunos países" (El País, 27 de mayo).
Todo indica, pues, que podríamos hallarnos ante otro ejercicio de respiración asistida, en ayuda del sistema financiero europeo como puente hasta que las medidas de estimulación del crecimiento, que se están discutiendo en las instituciones y los gobiernos, maduren.
En esa línea de alivio puede estar el mensaje llevado por el presidente del parlamento europeo, el alemán Martin Schulz, al pueblo griego, mediante unas declaraciones a Tagesspiegel este último sábado, en el sentido de que es "concebible" una extensión del periodo para llevar a cabo los recortes presupuestarios y los cambios políticos a que Grecia se había comprometido para recibir el segundo tramo de su rescate. Este mensaje pondría en evidencia lo que muchos sospechan: que Alemania teme más una salida griega (o de cualquier otro, naturalmente) del euro, que tener que aguantar los repetidos incumplimientos de los compromisos contraídos por Atenas.
No perdáis la esperanza
Los indicios arriba mencionados señalan a un reforzamiento de la voluntad política de hacer trabajar a las instituciones europeas a favor del mantenimiento de la integridad de la eurozona y, en última instancia, de la propia Unión Europea. Hasta qué punto la entrada del nuevo presidente francés, François Hollande, en escena tiene que ver con todo esto queda por valorar políticamente, pero la coincidencia temporal parece significativa. Sobre este fondo deberá apreciarse la oportunidad de su comentario, recibido al principio en España con frialdad, sobre la necesidad de recapitalizar el sistema bancario español.
Nos hallamos, pues, en una coyuntura marcada por la incertidumbre. ¿Permitirán los mercados a los países afectados por la crisis bancaria llegar vivos a la nueva política de crecimiento que nos anuncian las instituciones europeas, o les retirarán la confianza, generando una carrera del público hacia sus depósitos bancarios cuando vea que el estado sólo podría colocar deuda a intereses que no puede pagar?
Si esto último no ocurre, y se alivia la presión sobre la deuda, será señal de que los mercados dan credibilidad a las políticas de crecimiento que están tomando forma. Lo malo es que los mercados quieren respuestas hoy, mientras que los programas de crecimiento, aunque ya están sobre la mesa, necesitan premiosas negociaciones y compromisos políticos, y largas fases de desarrollo. Aparte de que lo que está sobre la mesa tiene un alcance bastante limitado.
Lo que se discutió en el encuentro informal de la Unión el pasado día 23 fue básicamente la creación de unos "bonos de proyectos" y el aumento de los fondos a disposición del Banco Europeo de Inversiones. Sin duda se hizo también mención de los eurobonos, propuestos antes de su elección presidencial por Hollande, pero no es probable que éste defendiera en tal foro su viabilidad, que sabe que es políticamente imposible mientras Alemania, Holanda, Finlandia y Austria se opongan y mientras no se reformen los estatutos del BCE
Los proyecto-bonos fueron propuestos en 2010 por la Comisión Europea, pero a una escala muy modesta: usar euros 230 millones como garantía para obtener capital del sector privado por euros 4.600 millones, a aplicar en proyectos de infraestructuras.
Otra fuente de financiación del crecimiento podría ser el Banco Europeo de Inversiones, que en el 2011 prestó euros 60.000 millones, aunque en 2013 no podría incrementar esta cantidad sustancialmente so pena de arriesgarse a perder su calificación triple A, a menos que fuese reforzado, a lo que quizás Alemania no se opondría, permitiendo alcanzar un capital de entre 180.000 y 200.000 millones. También están los fondos del Mecanismo Europeo de Estabilidad y de la Facilidad Europea de Estabilidad Financiera, mucho más cuantiosos.
El ministro alemán de Exteriores, Guido Westerwelle, en un reciente artículo en la prensa europea, puso los presupuestos de la Unión para el periodo 2014-2020, por un billón de euros, bajo la perspectiva del crecimiento: "Deberemos concentrarnos en usar esta enorme cantidad en promover insistentemente el crecimiento y el empleo, la innovación y la competitividad". También pueden ayudar a ese fin los euros 80.000 millones de los fondos de cohesión regional.
En resumen, de momento no parece que se pueda hacer más que agregar recursos que están disponibles aquí y allá, y enfocarlos a nuevas aplicaciones que se suponen vocadas al crecimiento, como infraestructuras interestatales, completar el mercado único, eliminación de trabas comerciales, mejoras en la formación para el trabajo, etc. En conclusión, ninguna inyección de capital en las dosis masivas recomendadas, por ejemplo, por Paul Krugman y sus fieles de izquierdas.
Así, pues, no hay varita mágica que fabrique euros adicionales. Toda la cuestión, por lo menos para España, se reduce a esperar que las políticas de crecimiento se desarrollen y surtan efecto, sin que en el entretanto nuestro sistema bancario se haya caído y nuestra primera de riesgo nos haya arruinado. Paciencia: parece que nos están ayudando.

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