martes, 12 de junio de 2012

Sólo los 'verdes' están en contra del crecimiento
El comunicado del G-8, un placebo para Hollande

Publicado el 21 de mayo del 2012

Antonio Sánchez-Gijón.– El presidente Hollande ha obtenido en la reunión del G-8 en Camp David una victoria de relaciones públicas y poco de sustancia. Ha mostrado al mundo, por si el mundo no lo sabía, que el presidente Obama le apoya calurosamente en su reclamación constante de estímulos al crecimiento que acompañen a las rigurosas medidas de austeridad a que están sujetos actualmente los países del euro. Lo malo es que los otros dos líderes de países del euro  presentes en la reunión, Merkel de Alemania y Monti de Italia, han adoptado un orden de prioridades políticas contrario a las propuestas de Hollande; éstas últimas incluyen aumentar el empleo público, revisar la reforma laboral de Sarkozy, incrementar  ciertos impuestos drásticamente e imponer a las transacciones financieras europeas una tasa (TTF), con la que espera recaudar euros 57.000 millones para los cofres de la Unión y con ellos impulsar el crecimiento.
Merkel es la impulsora de la política de estabilidad, y Monti no tiene más razón de estar al frente de Italia (puesto que no fue elegido según los procedimientos constitucionales regulares) que cumplir los planes de responsabilidad fiscal exigidos a Italia por la mayoría de países de la UE. Hollande no tuvo más éxito con el otro líder de la Unión presente en Camp David, el primer ministro británico Cameron, quien antes incluso de la reunión formal del grupo, a su llegada a Estados Unidos espetó esto sobre la TTF: "No creo que sea una medida razonable. No la apoyaré". Considerando que Londres es el principal centro financiero del área de la Unión, es dudoso que la tasa sea viable.
Un tibio apoyo al principio del crecimiento
La propuesta de Hollande parece haber dejado traspuesto de emoción al líder de la oposición española, Sr. Pérez Rubalcaba, quien lleva días sentenciando en los  mítines del partido socialista que el presidente Rajoy se ha quedado sólo en Europa con su política de recortes fiscales. Sin duda tomaba pie de unas palabras de Obama al final de la reunión del Grupo, sobre lo que, según el presidente, había sido acordado en Camp David: "Todos los dirigentes están de acuerdo hoy día en que el crecimiento y el empleo deben ser la prioridad absoluta". Y añadió: "Existe un consenso cada vez más claro sobre que hay que hacer más para generar crecimiento y crear empleo en el contexto de las reformas presupuestarias y estructurales". Lo cual, desde luego, no da la pretendida prioridad a las medidas de crecimiento, postulada por Hollande y Pérez Rubalcaba.
El comunicado de la reunión no puede ser más neutral, ya que no arbitra el supuesto debate entre crecimiento y austeridad. Los Ocho se proclaman partidarios del "crecimiento y la creación de empleo", sí, pero con estas condiciones: "Nos comprometemos a tomar las medidas necesarias para fortalecer nuestras economías y combatir las tensiones financieras, reconociendo que las medidas adecuadas no son las mismas para cada uno de nosotros".
La canciller Merkel, como para no desairar la empeñosa reclamación de Hollande, dijo en su declaración que "El mensaje más importante de la reunión es que la consolidación presupuestaria y el crecimiento son dos caras de una misma moneda", añadiendo que los reunidos "se han puesto totalmente de acuerdo en que son necesarias las dos cosas, la disciplina fiscal..., y al mismo tiempo esfuerzos para el crecimiento".
Como era de esperar, el supuesto impacto de las opiniones de Hollande ante los Ocho ha sido visto con el mayor escepticismo por la fuerza política recientemente derrotada en Francia, la Unión para un Movimiento Popular del ex-presidente Sarkozy. El secretario nacional de la organización, Jean-Francóis Copé, ironizaba sobre el planteamiento de Hollande en Camp David: "¿Quién puede imaginar que la ‘victoria' de Hollande en el G-8 se resume solamente en decir que les ha convencido del interés de renovar el crecimiento?" Para añadir: "Todo el mundo quiere el crecimiento. Los únicos que no lo quieren son los ‘verdes'". Hollande, añade Copé, no tiene más remedio que elegir entre Berlín y Atenas.
¿Crecimiento en estas condiciones?
A la vista de lo que sucede en algunos países del euro, el debate entre austeridad y crecimiento parece bastante artificial. El caso más espinoso es el de Grecia, naturalmente, donde a las crisis fiscal, financiera e industrial se suma una política. Su misma continuidad en la eurozona está siendo puesta en cuestión. Según Der Spiegel, el ministro alemán de Hacienda, Schäuble, ha creado una "task force" para preparar la posible salida griega del euro. También Der Spiegel informó que la ministra de Hacienda austriaca, Maria Fekter, había declarado que aunque Grecia no podría ser expulsada del euro, podría serlo de la Unión, de resultas de su crisis económica. Aunque el semanario fue desmentido por el ministerio de Hacienda austriaco, éste confirmó lo que la ministra sí dijo: "es técnicamente imposible dejar la eurozona; sólo se puede dejar la Unión, aunque (la ministra) estaba en contra de tal medida".
En estos días la suerte de Grecia no depende tanto del salvamento fiscal por el programa de rescate ya aprobado y pendiente de la formación de un nuevo gobierno, como del plan de recapitalización de su banca por cuenta del Banco Central Europeo, por un importe de euros 48.000 millones. Grecia se halla sumida en una persistente retirada de depósitos bancarios, que se estima en euros 70.000 millones entre 2009 y 2012.
Pero no hay que alejarse demasiado. España está sumida en una oleada de desconfianza sobre la solvencia de sus bancos, sometidos a auditorías externas como si el Banco de España no fuera capaz de cumplir esta tarea. La credibilidad de las cuentas públicas acaba de sufrir el golpe de tener que reconocer que el déficit fiscal con que se entró en el 2012 es superior al declarado. En otro plano, éste de orden interno y ético a la vez, miremos las páginas de los periódicos españoles: cada día dan noticias desmoralizantes que afectan a altos representantes de algunas comunidades, cajas de ahorros, y aún magistraturas del más alto rango, como en el caso de la cabeza del sistema judicial español.
Italia misma se halla a mitad del camino de importantes reformas, como la laboral, lo que equivale a decir que no ha despejado todavía el factor que más gravita sobre la competitividad de su economía.
Grecia, España e Italia muestran que hablar en estos tiempos de crecimiento apoyado por las instituciones de la Unión es querer curarse con un placebo. Esto no es afirmar que los placebos son inútiles: por lo menos el comunicado del G-8 elevará  mucho la moral al presidente Hollande. Y a Rubalcaba.

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