martes, 12 de junio de 2012

Publicado el lunes 4 de junio de 2012
Rusia, y hasta Chipre, temen la quiebra de Grecia
La salida helena del euro contraería un 2,1% la economía rusa y provocaría el rescate chipriota
Antonio Sánchez-Gijón.– La crisis fiscal griega proyecta por igual su sombra sobre los escenarios geoeconómicos de tamaño macro y micro. Dos testimonios aportados en los últimos días en Rusia y en Chipre lo prueban. Los dos toman como pie la hipotética salida griega del euro. El último ministro de Hacienda de Vladimir Putin, Alexei Kudrin, pronosticó el día 24 de mayo que "los problema de Grecia probablemente se agravarán, y arrastrarán a nuevos países". El ex-ministro hablaba en la presentación de un informe sobre la marcha global de la economía rusa, elaborado por el Centro de Investigación Estratégica y patrocinado por su Comité de Iniciativas Civiles, que él ha fundado con el propósito de proponer alternativas a las políticas económicas del presidente Putin.
Casi simultáneamente, el Sberbank calculaba que la economía rusa se contraería 2,1% si Grecia se viera forzada a abandonar el euro. Predecía también una inflación del 6,7%, una reducción del precio del petróleo a $80/barril, y $95.000 millones de fugas de capital desde los bancos rusos.
El presidente chipriota, Demetris Christofias, dijo el pasado fin de semana que no se podía excluir el recurso de Chipre al rescate europeo para recapitalizar el sistema bancario del país, debido a su exposición a los bancos griegos. Más sobre Chipre al final de estas páginas.
Motivos de desconcierto para Putin
El presidente Putin visitó el pasado viernes Berlín y París, para pulsar el nuevo equilibrio de fuerzas entre los líderes de las dos potencias más grandes de la Unión Europea, después de la llegada de Hollande al poder. Poco ha trascendido de estos encuentros, si no son las discrepancias entre Hollande y Putin sobre el tratamiento que se merece por parte de la comunidad internacional el presidente sirio el-Assad.
Putin está preocupado por el impacto de la crisis europea y su actual estancamiento económico en sus planes de modernizar la economía rusa, muy dependiente de los ingresos derivados del comercio de sus materias primas, sobre todo petróleo y gas, con Europa. Las ventas de estas dos últimas materias representan la mitad de los ingresos fiscales de Rusia.
Putin también cuenta con que Occidente, y sobre todo Alemania, proporcionen capital, tecnología y asistencia profesional para sus planes de modernización industrial y privatización empresarial. Europa aporta el 75% de las inversiones extranjeras en Rusia.
El gobierno ruso dispone aún de margen suficiente para acomodarse a las condiciones adversas de la economía de la eurozona. Sin embargo, si la crisis dura, algunas variables que Putin ha incorporado a sus ambiciosos planes de renovación económica pueden verse frustrados. Hay signos de que las cosas no marchan como Putin desea.
El crecimiento de la economía rusa fue del 4,5% en 2011, con una inflación del 7%. Las reservas tanto públicas como privadas pueden muy bien equivaler a euros 1 billón. Rusia, sin embargo, se va desprendiendo de sus euros. Si a primeros del 2011 el 55% de sus reservas estaban denominadas en la moneda europea, hoy esa proporción ha descendido al 30%. El saldo ha pasado a colocarse en una cesta de varias monedas, oro, etc. Rusia ha empezado a exigir a Europa que sus pagos por productos energéticos se haga en rublos. Es su modo de contrarrestar la devaluación del rublo, que hace pocos días retrocedió a la cotización del 2009, por debajo de rublos 31/$1. El informe del Sberbank pronostica una devaluación del rublo del 10%, por efectos de la crisis del euro.
Esta caída se debe en parte a la bajada de los precios del petróleo, con un descenso muy rápido en mayo último: entre 7 y 7,5%. Este es un indicador elocuente del estancamiento europeo, aunque Rusia sostiene que no amenaza los planes de Putin para modernizar la economía, ya que están indexados a un precio inferior del barril de petróleo. La inestabilidad de su precio se espera que produzca la ralentización de los planes de privatización-
Las esperanzas de que entre los planes de Putin figure la liberalización política son menguadas, como atestiguan los continuos hostigamientos a las pocas fuerzas políticas que expresan su oposición en las calles. Un horizonte geoeconómico poco favorable aconsejará a Putin refrenar los deseos del primer ministro Medvédev, de seguir representando la figura del modernizador de la economía y la sociedad rusas.
Él mismo, Putin, deberá refrenar probablemente uno de sus sueños más acariciados: la reconstrucción del poderío militar ruso. A primeros de marzo el presidente proponía aumentar el presupuesto de defensa en $125.000 millones, para conseguir así $770.000 millones para el periodo 2013-2020. Es difícil que este incremento sea compatible con la reducción presupuestaria de $120.000 millones para el mismo periodo, propuesta por el ministro de Hacienda Anatoly Serdyukov. El ministro toma en cuenta la crisis europea y el descenso del precio del petróleo, y posiblemente cuente también con la resistencia a congelar o reducir los planes sociales y las inversiones civiles que le opondrá el quipo modernizador que ha incorporado al ministerio, temeroso, como es natural, de perder apoyo popular por culpa de las presiones del aparato de seguridad nacional de que siempre se ha rodeado Putin.
Las fuerzas armadas rusas han perdido mucho de los atributos de una superpotencia, como cuando existía la Unión Soviética. Están aquejadas por la corrupción (se calcula que un 20% de los recursos se despilfarran o sustraen) y por la debilidad demográfica, que obliga a contratar voluntarios, lo que encarece la defensa. Su industria militar fabrica ya poco armamento avanzado.
En resumen, la crisis europea es un serio contratiempo para las esperanzas de Putin de inaugurar la era de la modernización y el desarrollo integral de Rusia.
El derechazo griego
Volviendo al caso de Chipre, se recordará que el comisario de Asuntos Económicos y Monetarios de la Unión Olli Rehn, unió los nombres de España y Chipre cuando recientemente dijo que "se enfrentan a serios desequilibrios no sólo de sus sectores financieros, que necesitan ser remediados de forma urgente". El informe de esa comisaría sobre doce países añadía que la exposición del sector bancario chipriota a Grecia "es muy arriesgada", para añadir que "sus perspectivas de crecimiento son muy débiles, lo que agrava el relativamente lento desarrollo de sus desequilibrios". El informe criticaba a la administración por su ineficacia recaudatoria, y a las leyes laborales por tolerar un amplio mercado de trabajo irregular.
Se estima que la exposición de los bancos chipriotas a los créditos privados alcanza los euros 22.000 millones, y que necesitan una recapitalización de entre 5 y 7.000 millones. Una bancarrota griega produciría un agujero de la banca chipriota de euros 9.000 millones. A su vez, los bancos europeos tienen una exposición de euros 30.000 millones a las entidades chipriotas.
Grecia será un país relativamente pequeño dentro de Europa, pero vemos que los corpulentos y los flacos, los fuertes y los débiles temen por igual su "punch".

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