El presidente debería colaborar más estrechamente con Monti frente a los mercados
Publicado el 26 de marzo del 2012 en Capital Madrid.com
Antonio Sánchez-Gijón.– Fue un desliz verbal. Mario Monti, el primer ministro italiano, debió darse cuenta de inmediato. Pocas horas después su portavoz rectificó lo que todos habían entendido perfectamente. Monti hablaba al Foro de Confcommercio, en Cernobio, este fin de semana. Sus palabras fueron éstas: España "ha hecho una reforma laboral muy incisiva, pero no ha puesto toda su atención sobre las cuentas", por lo que "está causando preocupaciones a la Unión Europea, ya que las tasas (de interés) suben y no hace falta mucho para producir un contagio, que podría propagarse".
Las palabras suelen ser más impactantes que los gestos, aunque el que les voy a recordar lo es bastante. Se trata del del presidente Sarkzoy y la canciller Merkel, al final del consejo europeo del 23 de octubre último, cuando en respuesta a una pregunta sobre si tenían confianza en las promesas acabadas de hacer por el primer ministro Berlusconi, los dos se miraron y se rieron. Fue la nota de humor negro a un veredicto alcanzado en aquella reunión, y que fue corroborado al día siguiente por los mercados. Berlusconi no era el hombre para sacar a Italia de la crisis.
A partir de ahí, se disparó la prima de riesgo italiana, hasta que el Banco Central Europeo la contuvo "a hurtadillas". Una temible inferencia de las palabras de Monti respecto de España podría ser ésta: ¿es el presidente Rajoy el hombre capaz de sacar a España de su crisis?
Pocas horas después de las palabras de Monti, su secretaría sacó un comunicado "renovando la total confianza en la determinación del gobierno español" para alcanzar "la consolidación fiscal, y evitar el crecimiento de los ‘spreads'". Las soluciones al caso español, pues, están aún en periodo de pruebas.
Dos pruebas que pasar: una fiscal, otra ideológica
Las pruebas pendientes son, grosso modo, dos: el presupuesto del estado y la reforma laboral. El primero se conocerá a fin de mes, y será examinado de inmediato por equipos técnicos de la UE. A estas horas, sin embargo, no se puede estar seguro de que las cuentas del estado se hayan podido cuadrar perfectamente, sin haber podido penetrar los hondones de las cuentas de Andalucía, una de las regiones fiscalmente más opacas de España (si no la más), cosa que sólo será posible, en el mejor de los casos, después del 25 de marzo.
Aún queda por aprobar la reforma laboral. Con un partido popular en pleno goce de la mayoría absoluta en el Congreso, es de prever que Rajoy impondrá lo esencial de su proyecto de ley. No debe temer mucho de la calle y de la huelga general del 29 de marzo: según una encuesta publicada este domingo (El País), 61% de los trabajadores consultados ha afirmado que no la secundará, y son menos del 30% los trabajadores con empleo que dicen que la seguirán. Un 67% reconoce que la huelga general no soluciona nada.
El Sr. Rajoy ha prometido a los agentes económicos interesados en la reforma todo tipo de consultas antes de votar la ley. La utilidad de esas consultas dependerá de si las partes son capaces de superar la confrontación ideológica. Veamos el caso italiano, que es muy semejante al español. En opinión del gobierno, el diálogo con los agentes sociales se ha visto tan condicionado por cuestiones ideológicas, que Monti decidió el 20 de marzo suspender las conversaciones con los sindicatos.
Comentaristas italianos describen la cuestión ideológica como la creencia que tienen los sindicatos de que existe un "derecho propietario" sobre el puesto de trabajo. Este derecho está de hecho consagrado en el artículo 18 de la actual Ley del Trabajo italiana, que hace prácticamente imposible confirmar en los tribunales el despido de un trabajador de una empresa con más de 15 empleados, aún en el caso de pérdidas. El empresario que se empeña en defender el despido en los tribunales se ve casi siempre condenado a readmitir al trabajador, y compensarle por el tiempo no trabajado. Esta es una situación con la que estamos familiarizados en España (el mercado dual del trabajo), y constituye uno de los puntos centrales de la reforma laboral del gobierno popular.
El reciente "sorpasso" italiano a España
El desliz de Monti sobre España puede que no sea enteramente falta suya. Demuestra que a pesar de la visita realizada no hace mucho por el Sr. Rajoy a Roma, no se ha establecido una asidua colaboración y consulta. Refleja también una no muy estrecha comunicación interpersonal entre Rajoy y Monti (o de empatía, o como le quieran llamar), como otras que funcionan en Europa. Monti está resultando ser uno de los líderes más populares de Europa. Esta popularidad (y credibilidad) se refleja en el "sorpasso" que Italia le ha dado a España en la reciente reducción de su prima de riesgo, por debajo de la española. Una estrecha colaboración de cara a los consejos europeos entre Italia y España reforzaría la apertura del mercado europeo, contraponiéndose a las tendencias menos abiertas de Alemania y Francia. En esto podría encontrar la alianza de otros países del norte, como el Reino Unido, Holanda y Austria. Monti es un peso pesado en todas los rings europeos. En estas lides, Rajoy es todavía bisoño.
Rajoy cuenta con una ventaja en relación con el futuro político de Monti: su cargo de presidente del gobierno no está sujeto a ninguna restricción como las impuestas a Monti antes de asumir la jefatura del gobierno por el partido del saliente Berlusconi, a cambio de su apoyo parlamentario. Su mandato no deberá exceder el del periodo electoral vigente, no debe salirse del programa propuesto, ni él ni sus ministros pueden postularse para la relección. En tanto cumplan este pacto, Monti y sus ministros podrán contar con el apoyo del Pueblo de la Libertad (el partido de Berlusconi y de su actual líder Alfano).
A diferencia de Monti, Rajoy no puede estar seguro de los apoyos parlamentarios con los que puede contar, y aunque no los necesita para la mayor parte de la legislación, le vendrían bien para afianzar su crédito ante Europa.
Un motivo de incertidumbre es la irrupción con fuerza, en los últimos días, del independentismo catalán, como resolución del décimo sexto congreso de Convergencia Democrática de Cataluña. Este no es el tipo de cosas que los mercados descuentan, como tampoco lo hacen con una sonrisa displicente de dos líderes europeos.
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