El Consejo Europeo reforzará las
medidas de control presupuestario
Antonio Sánchez-Gijón.– El Consejo Europeo celebra
este jueves 14 de marzo su primera sesión del 2013 bajo la influencia de dos
pronunciamientos que sin duda centrarán y condicionarán la discusión de
cualquier posible acuerdo. Esos pronunciamientos deben verse como instrumentos
para reforzar la integración política e institucional de la Unión Europea, y
sobre todo de la eurozona.
El primero es la ley aprobada por el Parlamento
Europeo (PE), este pasado martes, que otorga poder de supervisión sobre los
presupuestos de los estados miembros a la Comisión Europea, y que entrará en
vigor antes del verano. Su aprobación por una gran mayoría pone de manifiesto
la impaciencia de los eurodiputados con algunos parlamentos nacionales respecto
de la contención del gasto y la asignación de los fondos públicos nacionales, y
con las excusas de los gobiernos para traspasar los límites de gasto que ellos
mismos han acordado con la Comisión, en cumplimiento de los objetivos de
déficit.
El segundo son las advertencias del presidente del
Bundesbank y miembro del consejo del Banco Central Europeo, Jens Weidmann,
formuladas este miércoles en Colonia, en el sentido de que "no tiene
sentido especular sobre la posibilidad de que un país cualquiera abandone la
eurozona".
También los políticos deben luchar contra la crisis
financiera de Europa, y no sólo los bancos centrales, advirtió Weidmann.
"Nos enfrentamos a una crisis estructural europea. También a una crisis de
confianza, y sólo podremos superarlas si los políticos atacan las raíces del
mal", añadió.
Weidmann parece estar en campaña desde hace semanas.
El 7 de febrero trató de disipar lo que él cree una deficiencia de comprensión
de los políticos europeos sobre lo que está en juego. Según él, los políticos
tienen un pie en la unión fiscal y otro en el tratado de Maastricht. Por la
primera, los gobiernos deberían ceder poderes de supervisión y control a
instituciones europeas supranacionales, por el segundo los estados miembros se
aferran a su autonomía aunque eso suponga que son dejados a su propia suerte
fiscal y económica porque los rescates están excluidos.
El problema -podríamos observar- es que cualquiera de
las dos opciones acaba para los acongojados pueblos de Europa en lo mismo:
austeridad impuesta por las instituciones, o austeridad autoinfligida por miedo
a no ser rescatados.
El banquero central alemán hizo una exégesis de estas
ideas, dirigida especialmente a los países periféricos de Europa. "Las
política monetarias sólo pueden, en el mejor de los casos, comprar tiempo... Me
preocupan algunas de las expectativas que se han creado en torno al empleo de
las políticas monetaria y fiscal a lo largo de la crisis", dijo Weidmann
no cree demasiado en los efectos de las medidas de estímulo que se vienen
aplicando morigeradamente. En su opinión, el BCE debe cuanto antes reducirse al
ámbito de la política monetaria, y no caer en la debilidad de asistir a los
países en problemas insuflándoles crédito.
Mirando a Francia de reojo
En una declaración separada, Weidmann lanzó
"indirectas" a Francia: "No creo que Francia se halle en
crisis..." Pero añadió: "Francia es ahora el test de las nuevas
reglas presupuestarias y del pacto de estabilidad y crecimiento, y nuestra
esperanza es que el pacto sea aplicado de la manera más estricta".
Estas palabras parecían una réplica a ciertas ideas
del presidente Hollande, que Weidmann sólo se ha atrevido a rechazar de modo
tan claro al sentirse respaldado por el control presupuestario aprobado por el
PE.
A primeros de año, el presidente francés manifestó su
preocupación por la apreciación del euro respecto de las principales monedas
del mundo, alegando que ello reducía la competitividad de la economía francesa.
Bajo ese pretexto, Francia ha aprovechado su alto rating fiduciario ante los
mercados para obtener financiación extra con que estimular la economía, creando
con ello problemas de déficits futuros, al tiempo que encontraba un alivio
transitorio a su rápida pérdida de competitividad. El ministro de Hacienda,
Pierre Moscovici, está llevando a cabo una campaña en favor de relajar el
tratado fiscal, y ha procurado atraer a esa idea a otros gobiernos.
El espíritu de la legislación del PE va en sentido
contrario a las pretensiones del gobierno francés y, claro está, de algunos
otros. Será en Francia, sin embargo, donde se sienta más intensamente la
pérdida de soberanía de su parlamento que la nueva ley supondrá, siquiera sea
por la simple razón de que viene impulsada por Berlín. Bajo las nuevas reglas,
la Comisión tendrá derecho a intervenir en la preparación de los presupuestos
nacionales, con el objeto de controlar los déficits, y llegar al equilibrio de
las cuentas en 2017.
La Comisión podrá pedir la modificación de un proyecto
de ley presupuestaria y sus enmiendas, antes de ser puestas a votación. Aunque la
Comisión no puede revocar una ley que el parlamento se empeñe en llevar
adelante, las consecuencias políticas serían considerables, al introducir una
nota negativa sobre la intención de practicar la responsabilidad fiscal.
Igual efecto disuasorio tiene la provisión de que los
presupuestos nacionales deberán ser previamente dados a conocer a la Comisión,
lo que supone que quedarán sujetos al escrutinio y crítica de los otros socios
de la Unión. Estas disposiciones dotan de una influencia inaudita al comisario
de Asuntos Económicos, Ollie Rehn, que podrá emitir pareceres sobre las
políticas fiscales de los estados miembros e incluso presentarse ante sus
parlamentos.
El Consejo Europeo también podrá ejercer, en su sesión
del 14, derechos de discusión sobre las políticas fiscales, económicas y de
empleo de los estados miembros. Es el examen conocido como el Semestre Europeo,
que se ocupará de las medidas que los gobiernos toman para reforzar el mercado
único en cuestiones de empleo, crecimiento, convergencia y estabilidad. El
presidente van Rompuy presentará en la sesión del Consejo de este jueves una
evaluación de las medidas económicas y fiscales adoptadas desde junio pasado
por los gobiernos nacionales.
Aunque todavía sea por la vía Maastricht, no hay duda
de que el derecho de supervisión se está mutualizando en Europa.
Addenda: la sesión del Consejo (para la eurozona) del viernes
día 15 estará dedicada principalmente al rescate de Chipre, con un programa que
durará tres años, y que comprende una inyección de €17.000 millones.
Este jueves asume la presidencia del Eurogrupo el
ministro holandés de Hacienda, Jeroen Dijsselbloem, al parecer una luminaria y
un espíritu conciliador. A ver si puede sintetizar a Weidmann y a Hollande.
Publicado el
jueves 14 de marzo de 2013 en capitalmadrid.com
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