sábado, 23 de marzo de 2013

China promueve ahora una revolución urbana y bancaria


 

Se esperan pronunciamientos del congreso del partido comunista

Antonio Sánchez-Gijón.– El 17 de marzo termina el congreso del partido comunista de China, que renovará tanto la cúpula política como la presidencia de la República Popular, así como la jefatura del gobierno. Al día de hoy no se descarta que el congreso derribe una estructura social milenaria, de naturaleza casi feudal, el hukou, que ata a la mayor parte de la población china a la tierra (¿setecientos millones?) y da derecho a la otra parte de la población, aunque minoritaria (¿400, 500 millones?), a vivir en ciudades. Se estima que son unos doscientos millones las personas que no tienen derecho "urbano" pero que sin embargo viven en ciudades, privados de los servicios de que otros conciudadanos gozan.

Si aquello se confirma, se habrán dado las condiciones jurídicas necesarias para que se desenlace el mayor movimiento urbanizador de la historia humana. Que se logre o no, depende de que China se dote de sistemas financieros y bancarios modernos.

El primer ministro saliente, Wen Jiabao, pidió al congreso que se acelerase la reforma del hukou para hacer posible la urbanización del interior, y sobre esas nuevas bases lanzar otra etapa del crecimiento económico. La economía, que hace tres o cuatro años solía crecer a más del 10% anual, ha dado muestras de desaceleración, y ha caído al 7,5% del pasado año.

Los polos de crecimiento industrial que produjeron el milagro exportador de la China desde finales de los 70s se desplegaron a lo largo de las ciudades de la costa y en torno al rio Yang-Tsé. Esto dio lugar, desde 2008-9 a una creciente burbuja inmobiliaria, que amenazaba al sistema financiero. En tres grandes ciudades de la costa los gobiernos provinciales han impuesto restricciones crediticias al mercado de la propiedad inmobiliaria.
Reforma del crédito y la financiación
La nueva estrategia de desarrollo al interior tiene por fin satisfacer el consumo de la inmensa mayoría de una población con bajos niveles de renta, y viene exigida además por la debilitación del potencial importador y de consumo de los países desarrollados, a causa de la crisis económica mundial. Este enfoque abre, sin embargo, una cuestión de importancia crítica: si en el interior se va a repetir o no el modelo de producción de bienes industriales de tipo medio. Este camino conduce a una sobreproducción de bienes por los que el mercado exterior ya no tiene tanto apetito. Alternativa a esta estrategia seria reconvertir el actual modelo industrial de la costa a la producción de bienes de alta tecnología y mayor valor añadido, y transferir su actual modelo al interior.

El instrumento que utilizará el gobierno para estimular el crecimiento interior será dirigir el crédito oficial hacia la creación de infraestructuras que abran paso a la producción industrial y al comercio, al tiempo que confía la urbanización a las autoridades provinciales y locales, dejando que la promoción inmobiliaria sea apoyada por formas de financiación ajenas al sistema bancario oficial, mediante "fondos", pero bajo la regulación del estado.

Paralelamente se daría libertad a los municipios para la emisión de deuda con el respaldo de sus ingresos, bajo las directrices del ministerio de Hacienda y ajustándose a las cuotas autorizadas por el Consejo de Estado. Esto no es, de momento, más que una aspiración de los municipios y provincias, ya que actualmente no están autorizados a emitir deuda. Pero es obvio que si han de hacer frente a la migración de la población rural hacia las ciudades deberán contar con recursos propios, que por ahora sólo salen de la imposición municipal. Mientras no puedan tener libertad de financiación para comprar suelo rural libre, para su urbanización y posterior venta, se negarán a reconocer a los inmigrados los "derechos de ciudadanía" (servicios municipales y asistenciales).

Las autoridades provinciales y municipales ejercerán toda la influencia política que puedan para aumentar sus instrumentos de financiación, hoy seriamente restringidos. Sin embargo, si las barreras del hukou se van levantar, a las demandas de crédito de provincias y municipios se añadirán las de la nueva población, ansiosa de comprarse un hogar en la ciudad y otros bienes típicamente urbanos. Este será previsiblemente el principal instrumento de presión para transformar el sistema bancario y crear una banca al servicio del consumo y a la pequeña empresa. Esta demanda potencial ha sido servida en los últimos años por fondos de inversión más o menos informales, algunos de ellos verdaderos chiringuitos financieros. De todas formas, el boom inmobiliario de China ha ido asociado, en estos últimos años, a este tipo de financiación, y hay estimaciones que la ponen por encima del 17% de todo el crédito.

Se estima que el mercado inmobiliario, con todas las industrias que le sirven con bienes y servicios, representó en el momento del auge económico más del 20% del PIB. Bajo esta experiencia, el liderazgo político pone sus esperanzas en que el desarrollo del interior generará un potencial de crecimiento comparable, para el conjunto de la economía china.

En noviembre del pasado año, el viceprimer ministro Li Keqiang calificó la urbanización de "gran motor" de la futura economía del país. Esta idea fue remachada a principios de semana por el presidente de la Comisión para el Desarrollo Nacional y la Reforma, Zhang Ping: "La urbanización es la principal fuerza que promoverá la demanda interna en los próximos años".
Alcances y límites de la economía china
Sin embargo, por mucho que admiremos la destreza política de las autoridades chinas para alcanzar un crecimiento que en Occidente sería considerado vertiginoso, y que ha hecho de China la segunda potencia económica del mundo, y de haber mantenido al país en paz y unido después de la Revolución Cultural, y de gozar de un comercio exterior a la par en volumen con el de Estados Unidos (según la OMC), determinados parámetros de la vida económica, o del nivel de bienestar de la población, están lejos de poder competir con los de las principales potencias industriales. La contribución de su sector servicios a la economía nacional es muy inferior a la de cualquier otra economía desarrollada: 45% aproximadamente, casi a la par con la contribución de la industria al PIB. El sector servicios de Estados Unidos da cuenta de más del 70% de su PIB.

China crece, sí, bajo la égida del partido comunista, para ejemplo y envidia de otros regímenes comunistas (Corea del Norte, Cuba) o socialistas revolucionarios (Venezuela) Pero alcanzar una economía moderna, en términos comparables con la "modernidad" capitalista, requerirá algunas revoluciones más. No debería extrañarnos que hubiese miembros del congreso del PCC que ya estén pensando en ellas.
Publicado el jueves 7 de marzo de 2013 en capitalmadrid.com

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