viernes, 5 de julio de 2013

Rajoy acude a Bruselas con el innecesario apoyo del PSOE


Se trata de una operación para fortalecer a Rubalcaba y al socialismo europeo

Publicado el jueves 27 de junio de 2013

Antonio Sánchez-Gijón.- El presidente del gobierno, Mariano Rajoy, se presenta en el consejo europeo que comienza hoy en Bruselas respaldado por el partido socialista español, en unos momentos en que los compañeros ideológicos del PSOE en la presidencia y el gobierno de Francia se hallan inmersos en una campaña ideológica contra el tipo de políticas que el gobierno español ha seguido hasta ahora para salir de la crisis y recuperar la senda del crecimiento.

Hasta ahora, esa política la había llevado a cabo el gobierno español en estrecha colaboración y consulta con el gobierno alemán, siguiendo las directrices de la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional, y con la ayuda del Banco Central Europeo.

Bajo el pretexto de "una política de estado", la declaración del 90% de los diputados del Congreso, aprobada este pasado martes, respaldando que el gobierno solicite del consejo europeo la modificación de algunas de las políticas de austeridad aplicadas hasta ahora a la crisis, obedece a una estrategia diseñada, en sus líneas generales, por los partidos socialistas de España y Francia.

Esta iniciativa empezó a diseñarse hace algo más de un mes, y fue instrumentada por un diario de tirada nacional español, más un instituto internacional (Berggruen, con intereses en el aludido periódico), con dos objetivos: uno doméstico (sacar al secretario general del PSOE, Alfredo P.  Rubalcaba, de la sima de impopularidad en que se halla y detener la caída en picado de la intención de votos del partido socialista), y otro internacional (formar un frente europeo anti-austeridad, favorable al crecimiento incondicionado y laxo con la deuda, y en última instancia opuesto a las políticas de responsabilidad fiscal impulsadas por Alemania).

Este alineamiento se vio consagrado mediante la coincidencia de los puntos de vista de Rajoy y el presidente Hollande, expuestos en la conferencia celebrada en París bajo los auspicios de los ya mencionados agentes sociales.

Barroso, cabeza de turco

La dirigencia política francesa se ha volcado en las últimas semanas como un solo hombre a librar una batalla ideológica, dirigida contra el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durâo Barroso quien, según Claude Bartolone, presidente de la asamblea nacional francesa, representa la "Europa del siglo XX, la de la libre circulación de mercancías y de capitales, de la marcha forzada hacia la austeridad. Barroso - añadió - no pertenece al siglo XXI, más protector, más preocupado por el crecimiento y el empleo".

Menos circunspecto se ha mostrado el ministro de Recuperación Productiva, Arnaud Montebourg, para quien Barroso "da carburante al Frente Nacional", el partido de extrema derecha que no para de subir en las encuestas. Esta idea la suscribe el ministro delegado para el Consumo, Benoît Hamon, para quien Barroso "rompe el modelo social europeo y contribuye a la desesperanza que conduce... al Frente Nacional".

Como suele ocurrir, debajo de los argumentos ad hominem están las críticas a las instituciones, en este caso la Comisión Europea. De forma más o menos directa, Hollande ha insistido en los últimos tiempos en que su política de pensiones y el derecho de Francia a proteger lo que llaman "excepcionalidad cultural francesa", no van a ser dictadas desde Bruselas. Esta particular objeción puede ser un entorpecimiento en las negociaciones con los Estados Unidos para firmar con la Unión  un tratado de libre comercio, ya que al otro lado del Atlántico se entiende como el intento de poner cláusulas proteccionistas a sus productos audiovisuales.

Para ser justos, no es sólo una parte de la opinión francesa o de la española las que se muestran reticentes o contrarias a las políticas de contención del gasto como medio de superar la crisis de la deuda y devolver la salud a las finanzas públicas y privadas. Gobiernos tanto conservadores como socialistas de algunos otros países europeos abogan por la pronta creación de estímulos al crecimiento, preferiblemente en la forma de bonos del Banco Central Europeo, a lo que se opone terminantemente Alemania, como quedó de manifiesto una vez más el pasado 23 de junio, al publicarse el programa de la coalición demócrata-social cristiana (CDU-CSU) para las elecciones generales de septiembre, una política que cuenta con el respaldo incondicional del partido socialdemócrata.

Igual división entre Francia y Alemania se crea en torno a la formación de un presupuesto particular para la eurozona, que la primera apoya y la segunda, junto con muchos otros, rechaza. Idem en relación con la idea de armonizar las políticas sociales de los miembros de la eurozona, aunque ésta última se vea favorecida por la Comisión.

La cuestión de la productividad, divisoria ideológica

Aunque en Bruselas los jefes de estado y de gobierno tratarán del funcionamiento del futuro mecanismo de supervisión bancaria, no hay posibilidad alguna de que el consejo apruebe un plan de garantía de depósitos, que es otro de los desiderata de los socialistas europeos. Es posible, sin embargo, que se dé el visto bueno final al fondo de €60.000 millones para el rescate de bancos en crisis, que debe entrar en vigor el próximo año.

En las preciosas pocas horas que los jefes de estado y de gobierno de la eurozona pueden ocuparse de la crisis del euro, todo el tiempo que se dedique a discutir de nuevos estímulos a la economía, como los pocos fondos que se van a aprobar para un plan de empleo juvenil, no se emplea en dar cuenta individualizada de esas reformas estructurales que la Comisión no cesa de recomendar y, hasta donde puede, de exigir.

 

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