Geoestrategia
NUESTRO NUEVO ZAR DE LA SEGURIDAD NACIONAL
Antonio Sánchez-Gijón.- La comunidad española de inteligencia y seguridad tendrá hoy los ojos puestos en el palacio de la Zarzuela , donde se reúne el Consejo de Defensa Nacional bajo la presidencia del Rey. Su principal tarea es crear el Consejo Español de Seguridad (por qué no se llama Consejo “Nacional” de Seguridad o de Seguridad “Nacional” queda por explicar).
Según nos ha adelantado la prensa escrita, parece que este organismo será un cuerpo intermedio entre la presidencia del gobierno y el Centro Nacional de Inteligencia. Su misión será mantener a España preparada para afrontar amenazas a la seguridad nacional, mencionadas en una larga lista: terrorismo interno e internacional, crimen organizado, tráficos ilícitos de todo tipo, inmigración ilegal, armas de destrucción masiva, vulnerabilidad energética, conflictos armados, etc.
La figura clave de este organismo será, al parecer, un secretario ejecutivo. Este secretario ejecutivo, según los adelantos que se han hecho públicos, no será otro que el director del gabinete del presidente del gobierno.
No es fácil entender la lógica de esta atribución de competencias de naturaleza técnica e intelectual, y por lo tanto necesariamente independientes, a la persona responsable de la agenda de trabajo de su jefe, tarea eminentemente política, alineada ideológica y personalmente con el presidente del gobierno.
También es difícil comprender cómo un hombre como el director del gabinete, encargado de reducir todo tipo de demandas y presiones políticas, institucionales o de grupos de interés sobre el presidente a un orden del día operable y fluido, puede estar en condiciones de prestar un gran “attention span” a la defensa de la nación contra amenazas emergentes o perentorias. No adelantemos, sin embargo, acontecimientos, y esperemos nuevos análisis más entrados en materia.
Los que escribimos una columna como ésta nos encontramos todos los días con un torrente de informaciones con implicaciones de seguridad, significativas a veces para España, o las más para otros países aliados o amigos. Les doy una lista de las que he captado en los dos o tres últimos días.
Por ejemplo, esta información, que afecta a España. La costa occidental de África se está convirtiendo en un nuevo México de la droga. Me ha llegado como uno de los Strategic Comments del International Institute for Strategic Studies. Esa costa africana está a un paso de las Canarias y a dos de la Península. La Oficina de las Naciones Unidas para las Drogas y el Crimen advirtió en 2008 que “La antigua Costa de Oro se está convirtiendo en la costa de la Coca ”. Esta droga procede de Colombia y Venezuela, desembarca en países africanos, adonde llega usualmente con una pureza del 80% y en ellos es cortada al 12%. La misma agencia nos informa de que al año pasan por los países africanos cincuenta toneladas de cocaína. Con destino a Europa, claro. Se sospecha que el anterior presidente de Guinea Bissau fue asesinado por motivos de droga, y el actual jefe de la marina ha sido señalado como un capo del narcotráfico. La vecina Guinea fue tiempo atrás otro importante nudo de tráfico, pero hoy la han reemplazado Burkina Fasso y Beni. Hay vuelos frecuentes entre Mauritania y Latinoamérica, que se sospecha están relacionados con el narcotráfico. “Mauritania es notoria por el tráfico humano”, añade el Comments, como bien sabemos los españoles sobre las oleadas de pateras que salen de sus costas a las nuestras. Si el problema no es atacado eficazmente – dice el informe – “los funcionarios de la ley basados en la región temen que África Occidental puede convertirse en otro México en el plazo de tres a cinco años”.
Otro motivo de inquietud, aunque éste no nos afecta tan directamente. El padre del arma nuclear pakistaní, Abdul Qader Khan, y empresario de la proliferación nuclear internacional con la silente complicidad del gobierno de su país, nos informa de que el programa nuclear de Pakistán “sigue su marcha y el procesamiento de uranio enriquecido progresa”. El material de las bombas ya esta preparado, y sólo necesita ser montado en caso de necesidad. Este gran mentiroso nos asegura que el arsenal nuclear de su país “no está almacenado en un solo lugar, y poca gente conoce su emplazamiento”. Puede que él sí.
Militares pakistaníes de alta graduación han declarado a la prensa norteamericana su sospecha de que extremistas islamistas están penetrando las fuerzas armadas, en su lucha contra el propio estado. Un oficial ha confesado al Washington Post que “en el ejército predomina la fe en la militancia yihadista”. Una rama del Servicio de Inteligencia, añaden, está dedicada a las relaciones con los yihadistas.
Esas amenazas nos pueden afectar a nosotros y a nuestros aliados, o no, pero no hay duda de que otras parecidas contra nosotros están en estos momentos en el retortero. Nadie en España, al parecer, vio venir nuestro 11 de marzo, tres años después del 11-S, aunque no hacía falta mucha imaginación para pensar que hubiera sido prudente echar un vistazo a las covachuelas del fundamentalismo islámico en España.
El coordinador superior de todos los recursos de seguridad de la nación debe reunir un raro conjunto de capacidades: un bien desarrollado instinto para valorar las implicaciones estratégicas de la acción política, militar y económica nacional, la de otros gobiernos y la de agentes de todo tipo del sistema internacional, tanto legales como ilegales. Debe haber mostrado habilidad práctica para analizar y responder a desafíos y situaciones de naturaleza táctica. Debe poseer un conocimiento básico de la tecnología del armamento, convencional, nuclear, químico, etc. Debe estar familiarizado con las capacidades y limitaciones de los recursos de inteligencia propios y ajenos, tanto humanos como electrónicos. Debe comunicarse fluidamente con sus pares de los países aliados. Debe administrar recursos limitados sabiendo juzgar sobre lo que es “el peor escenario posible” y distinguirlo de “el escenario más probable”. Debe dar directrices para el empleo de los recursos del Centro Nacional de Inteligencia. En resumen, no debe ser un “aparatchik” ni un hombre de partido.
Pero reservemos nuevos juicios sobre esta cuestión hasta que nos expliquen de qué se trata.
Antonio Sánchez-Gijón es analista de asuntos internacionales.
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