Geoestrategia
NETANYAHU Y EL CONGRESO HUMILLAN A OBAMA
Antonio Sánchez-Gijón.- Para las personas que todavía consideran a los Estados Unidos la nación líder y necesaria para el mantenimiento de la paz mundial no fue grato ver al Congreso de los Estados Unidos en pleno levantarse veinticuatro veces en clamorosos aplausos a Banjamín Netanyahu, el hombre que con su discurso estaba humillando al presidente de la nación y principal líder occidental, Barack Obama.
Como se recordará, la dramática escena tuvo lugar el pasado martes día 24, y en su discurso Netanyahu rechazó de plano la propuesta de Obama, presentada cinco días antes, de solucionar el conflicto palestino-israelí sobre la base de la creación de un estado palestino “cuyas fronteras deberían basarse en las líneas de 1967, pero con intercambios (de territorios) mutuamente negociados, de forma que los dos estados queden establecidos dentro de fronteras seguras y reconocidas”. La réplica de Netanyahu en el Congreso fue terminante: Israel nunca aceptará las fronteras “indefendibles” que existían antes de la guerra de 1967.
Retengamos que lo propuesto por Obama refleja el modo “occidental” (europeo si se quiere) de llegar a la paz entre naciones y pasar a otra cosa después de las guerras. Este procedimiento, esencialmente jurídico, forma el núcleo duro del derecho internacional público. No hay paz posible si no hay reconocimiento mutuo de fronteras fijadas en negociaciones, algo que Israel y los palestinos no se han atrevido a consumar nunca, a pesar de que repetidas veces parecían haber aceptado la mágica fórmula: conferencia de Madrid, acuerdos de Oslo, negociaciones Arafat-Rabin y Ehud Olmert-Abbu Abbas. Son éstas últimas, las negociaciones Olmert-Abbas, las que más se acercaron en 2009 a un entendimiento sobre las fronteras y los intercambios de territorio, de tal forma que los palestinos cederían el 5% del territorio (que de todos modos está ocupado por asentamientos judíos ilegales), y los israelíes una parte proporcional del suyo. Todo ello según la plantilla de las fronteras de 1967.
No ha sido la primera humillación de Netanyahu a la administración Obama. Hace pocos meses, el gobierno israelí se negó a extender la moratoria en la construcción de asentamientos que le suplicaban Obama y la secretaria de Estado, Clinton, moratoria exigida por la autoridad palestina para sentarse a la mesa de negociación, en seguimiento de los principios del acuerdo Olmert-Abbas. Netanyahu, que se sostiene en el poder por el apoyo que le da el partido del extremista ministro de Exterior, Lieberman, y una cábala de partidos religiosos, es prisionero gustoso de un fundamentalismo entregado al sueño escatológico de recobrar en su integridad la tierra que Jehová concedió, según la Biblia , al pueblo de Israel, y que para completarse necesita que queden bajo su soberanía las tierras de Judea y Samaria, exactamente los territorios que Israel ocupa desde 1967, y que todos conocemos por el prosaico nombre de Palestina o Ribera Occidental del Jordán, y su capital histórica Jerusalén. Sería raro que la comunidad internacional admitiera alguna vez la Biblia como base legal para la resolución de conflictos.
Queda por ver el efecto que esta derrota de Obama tendrá sobre su ascendiente en el mundo árabe, que había crecido sustancialmente por su continuo apoyo a la llamada “primavera árabe”. Mirada bien la cosa, ha sido el Congreso el que se ha puesto en evidencia. Como escribió en su blog Bernard Avishai, autor del libro “The Hebrew Republic” y uno de los más articulados defensores de la negociación y de los dos estados, los miembros del Congreso “no se dieron cuenta de que, para el resto del mundo, ellos eran el show verdaderamente importante”. El mensaje que llega al mundo árabe, podemos concluir, es éste: no cuenta lo que diga Obama, lo que cuenta es lo que diga Israel y sus incondicionales en los Estados Unidos: casi todos los republicanos y numerosos demócratas del Congreso, y el poderoso y mitificado “lobby” judío.
La justificación que dio Netanyahu sobre lo indefendible de los límites de 1967 se basa, según sus propias palabras en Washington, en que la frontera occidental de un estado palestino estaría a solo quince km. de la costa mediterránea, con posibilidad de amenazar la más rica y populosa ciudad de Israel, Tel Aviv. El argumento no se sostiene. Dejando de lado que un principio ya aceptado por la parte palestina es la desmilitarización de su estado, debe tenerse en cuenta que cualquier misil de mediano recorrido, escondido hoy en los estados y territorios vecinos, puede tener un alcance de 40 km . y se cree que hay 40.000 de ellos.
En realidad, la obstinación de Netanyahu y su gobierno es una carrera contra la materialización de lo inevitable. La población de Palestina crece y además, una vez abandonadas sus nefastas Intifadas, logra mayores apoyos internacionales al tiempo que la relativa paz le permite mejorar económicamente, a pesar del control israelí sobre los resortes esenciales de su comercio, comunicaciones y finanzas exteriores. No obstante, la sinergia económica que se podría producir entre las capacidades técnicas y laborales de las dos poblaciones (éste es el continuo leitmotiv de Avishai) se echa al cubo de la basura, y la deuda israelí crece al estilo griego. “En última instancia- advierte el Banco Mundial – el crecimiento económico no se asentará de modo significativo mientras las restricciones israelíes al acceso a los recursos naturales y los mercados sigan en pie, y en tanto que los inversores se sientan disuadidos por el costo de hacer negocios bajo un régimen restrictivo”.
La realidad política y estratégica del entorno de Israel ha cambiado, en los tres últimos meses, de modo drástico. Las movilizaciones antisistema de Egipto y Siria se dejaron sentir en torno a las fronteras de Israel, el día 15 de mayo, con el asalto de cientos de personas a las vallas de separación, en conmemoración de la “Catástrofe”, es decir, el día de la proclamación del estado de Israel en 1948. Cuánto tardará la población juvenil de Palestina, a ejemplo de sus otros hermanos árabes, volver a desafiar a los israelíes en el territorio ocupado es la preocupación de unos y otros. El régimen de Siria, principal garante de la estabilidad de su parte de las fronteras de Israel, está sacudido por la contestación popular. El principal respaldo árabe al status quo en la región, el ex-presidente Mubarak, está encarcelado, y el nuevo régimen militar egipcio abrirá mañana sábado, día 28, su frontera con el territorio palestino no ocupado por Israel, Gaza, la fuente de todas las amenazas a la seguridad del estado judío.
Todo esto sin mencionar la reconciliación entre la OLP , que domina la ribera occidental del Jordán, y Hamas, que controla Gaza, y la probable formación de un gobierno de las dos fuerzas. Israel ha rechazado negociar con un gobierno participado por Hamas.
Los palestinos de una y otra cuerda se van a medir con Israel en septiembre, con bastantes probabilidades de éxito, en las Naciones Unidas, cuando recabarán de su asamblea general la proclamación por mayoría de sus miembros del estado palestino. Estados Unidos declara estar completamente en contra de esta fórmula, porque haría imposible cualquier solución negociada. Es el argumento israelí. En Europa, el hartazgo con el Israel de Netanyahu se hace sentir en las intimaciones del entorno del presidente Sarkozy, de que Europa debía votar el nuevo estado.
Todo lo que Netanyahu ha ofrecido hasta ahora es una encerrona detrás de otra, sin salida diplomática, y el intento de las Naciones Unidas es una incursión en las tinieblas. Señores israelíes y palestinos, elijan Vds. el camino que prefieran. Ya son mayorcitos.
Antonio Sánchez-Gijón es analista de asuntos internacionales.
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