lunes, 23 de mayo de 2011

EL DIVORCIO MEDVEDEV-PUTIN SERÁ BUENO PARA LOS NEGOCIOS

Antonio Sánchez-Gijón.- La extraña pareja de hecho Medvedev-Putin puede que esté a punto de disolverse. ¿El motivo? Ambos quieren, aunque lo disimulen, postularse para la renovación de la presidencia de Rusia en marzo del 2012, y están dando pasos en esa dirección. El objetivo inmediato, sin embargo, es conseguir que sus facciones respectivas queden bien situadas en las elecciones a la Duma del próximo diciembre. Los pasos dados por uno y otro en las últimas semanas, muy tentativos todavía, son los siguientes.
Putin ha creado una coalición de instituciones favorables a él, llamada Frente Popular Pan-ruso, con participación de sindicatos, asociaciones de empresarios, organizaciones no gubernamentales, etc., como movimiento de apoyo electoral al partido Rusia Unida, por el cual Putin se mantiene en el gobierno, y que está totalmente desacreditado como fuerza política. Bien necesita ese apoyo. En las últimas elecciones regionales el partido comunista quedó por delante de Rusia Unida en algunas circunscripciones.. En el mismo acto fundacional del Frente Putin presentó la nueva Agencia para las Iniciativas Estratégicas, que se propone crear un sistema institucional para la promoción de las carreras profesionales de la gente joven, una suerte de “ascensor social”, como la llamó el primer ministro.
Medvedev, por su parte, se “entrometió”, en abril, en la esfera de poder de Putin, ordenando que el viceprimer ministro Sechin y siete altos funcionarios abandonasen sus puestos en empresas públicas. Medvedev se ha mostrado a favor de la intervención occidental en Libia, que Putin condenó como una “cruzada medieval”. Ha criticado la condena del multimillonario Jodorkovsky, con quien Putin había ajustado cuentas en un juicio de dudosa justicia. Y no ha manifestado su apoyo al Frente Popular Pan-ruso.
El 13 de mayo, ante un grupo de legisladores, Medvedev declaró que “una persona que piensa que puede estar en el poder indefinidamente es un peligro para la sociedad”, lo que algunos entienden como clara referencia a Putin. En ocasión anterior manifestó, contradiciéndose, que le gustaría continuar en la presidencia por otro mandato. En su primera conferencia de prensa como presidente, el 18 de mayo pasado, Medvedev sentenció la experiencia del gobierno ruso en los últimos años: “¿Hemos alcanzado algún éxito notable en la modernización (de Rusia)?. No, no lo hemos alcanzado. Sin embargo, la modernización es el objetivo máximo de nuestro país hoy en día”.
Medvedev goza de un prestigio de modernizador y liberal, que él explota en los medios occidentales, pero Lilia Shevtsova, del Carnegie Endowment de Moscú, lo disputa: no ha hecho prácticamente nada contra la corrupción, fue él quien asumió la responsabilidad del conflicto Rusia-Georgia de hace dos años, abrió otro con Japón por las islas Kuriles, y creó las tensiones con la Ucrania del anterior presidente Yuschenko en torno al gas natural que Rusia suministra.
También se sospecha que Medvedev está detrás del intento de estatalización del nuevo aeropuerto moscovita de Demodedovo, un asombroso éxito de la iniciativa privada que ha planteado un serio desafío a los otros dos aeropuertos de esa ciudad, que están en manos del estado. Demodedovo fue promovido en 2000 por un conglomerado de aerolíneas rusas, East Lines, y ha invertido miles de millones de dólares en su modernización. Hoy es el principal aeropuerto de Rusia, en el que operan 77 líneas aéreas. En 2010 tuvo un tránsito de 22,4 millones de pasajeros. En abril, la Intervención del Estado declaró “inaceptable” que el aeropuerto cayese en manos de una compañía extranjera, saliendo así al paso de sus intenciones de vender acciones en el mercado de Londres.
El premio para el ganador de la carrera presidencial es hoy mayor que nunca. Rusia vive un Eldorado hecho de materias primas exportables y de petróleo. Las reservas en marzo de este año eran de $500.000 millones. Y siguen creciendo: cada aumento de $1 en el precio del crudo produce $2.000 millones de ingresos frescos. La guerra de Libia ha creado a los países del sur de Europa nuevas dependencias de suministro, y el frenazo a la energía nuclear de Alemania incrementará las exportaciones rusas de gas. De las 23 plantas de electricidad construidas en Alemania durante los últimos cinco años, 20 son alimentadas por gas. Esta conexión estratégica Rusia-Alemania quedará materializada cuando se inaugure el gasoducto Nord Stream entre los dos países, a través del Báltico. Queda por valorar el efecto estratégico que esta cooperación ha de producir en el equilibrio de poderes económicos de las naciones europeas, con una España e Italia seriamente perjudicadas por la guerra libia, y una Alemania confortablemente avenida con las grandes ambiciones rusas.
En el juego político global Medvedev tiene la habilidad de parecer un modernizador, mientras que Putin es el hombre que ha creado multitud de empresas públicas opacas y corruptas, apoyándose en burócratas salidos principalmente de los servicios de seguridad. En fin, un hombre del pasado. De las 213 empresas públicas consideradas “estratégicas” que no admiten capital extranjero, creadas bajo los mandatos de Putin, sólo quedan ahora 41. Medvedev ha promovido iniciativas judiciales contra presuntos crímenes cometidos por algunas empresas públicas. Y ha puesto en marcha la Ciudad de la Innovación de Skolkovo, cerca de Moscú, donde espera que trabajen juntas en el 2014 entre 30.000 y 40.000 personas.
Medvedev ha asumido lo esencial del control sobre las relaciones con Estados Unidos y Europa. En cuanto a ésta, busca la eliminación de visados, practica una política de reconciliación con Polonia y trata de lograr la formación de un Comité Político y de seguridad EU-RU. En cuanto a Estados Unidos, dio un gran paso al acordar un nuevo START (tratado de limitación de armas estratégicas), apoyó en junio de 2010 sanciones contra Irán por su programa nuclear, y facilita el tráfico de suministros aliados para la guerra de Afganistán. Rusia ha formado una unión aduanera con Belorusia y Kazakstan, y propone ampliarla a Ucrania y Kirguizistán. El acercamiento a Ucrania ha hecho que se evaporen los deseos de este país de entrar en la OTAN y quién sabe si también en la Unión Europea. La propuesta a Kirguizistán obedece al deseo de bloquear en lo posible la expansión comercial de China hacia el corazón continental de Asia.
Rusia, un gran estado que hoy tiene una posición relativamente modesta en la economía mundial, frenada por estructuras anticuadas y desacreditadas, quizás ganaría más con el triunfo presidencial de Medvedev, siquiera porque parece dominar el lenguaje de la modernidad y comprender mejor el universo mental del capitalismo liberal que su socio/contrincante Putin. Sin necesidad de que nos formemos más ilusiones sobre su intención o capacidad de sanear la recargada atmósfera política y económica de Rusia…

Antonio Sánchez-Gijón es analista de asuntos internacionales.





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